La verdad sobre el Efecto Mozart

El efecto Mozart, lo que nos dice la ciencia

Se conoce por efecto Mozart a todo un conjunto de beneficios supuestamente atribuidos a la escucha de las composiciones del gran Wolfgang Amadeus Mozar. Estos beneficios prometidos van desde un mayor desarrollo cognitivo en neonatos, hasta una mayor capacidad de concentración a la hora de resolver pruebas de inteligencia.

En este artículo vamos a desgranar el efecto Mozart de principio a fin. Desde su origen, hasta los estudios más recientes. Y trataremos este controvertido tema con la mayor objetividad posible. Así que, empecemos por el principio.

¿Que es el efecto Mozart y como surgió?

El efecto Mozart surgió en el año 1991, con la publicación del libro «Pourquoi mozart» por parte del otorrinolaringologo e investigador francés Alfred A. Tomatis. Es una vuelta de rosca del método que el mismo autor popularizó en los año 50: el Método Tomatis.

El método Tomatis

Toda esta idea empezó a gestarse en la mente de Tomatis cuando trabajaba en el Laboratorio de acústica de los Arsenales de Aeronáutica franceses. Durante esta época examinaba a personas con problemas de auditivos debido al trabajo en los bancos de prueba de los reactores supersónicos. Y se dio cuenta que las personas con graves problemas de audición también presentaban alteraciones en la voz.

Además, por esa misma época, Tomatis también trabajaba tratando de ayudar a recuperar la voz a cantantes y artistas. Habia una cosa que le causaba una gran curiosidad era la relación entre los resultados audiométricos y el contenido espectral de la voz.

Todo esto llevó a nuestro protagonista a pensar que existía una especie de circuito cerrado que relacionaba el oído y la capacidad del habla. Posteriormente, Tomatis extendió esta teoría hasta llegar a afirmar que la estimulación por medio de sonidos podía tener un efecto en el sistema nervioso. Y fruto de estas observaciones y deducciones, desarrolló el método Tomatis.

Este curioso método se basa en la estimulación auditiva con fines terapéuticos. Tomatis defiende la idea de que la escucha de ciertos sonidos o ciertas piezas musicales repercute en un aumento de la capacidad de concentración, comunicación y análisis. Según afirma, este método funciona por medio de la activación y del ejercicio de las tres funciones principales del oído: la audición, la dinamización y el equilibrio. Actualmente el método Tomatis es conocido mundialmente y se practica en más de 200 centros.

De Alfred Tomatis a Amadeus Mozart

Siguiendo esta misma línea de pensamiento, Alfred publicó el libro «Pourquoi mozart» en el cual afirma que había encontrado una música que funcionaba especialmente bien para tratar la depresión: las composiciones de Mozart.

Un par de años más tarde llegó un estudio del doctor Rauscher perteneciente a la Universidad de California en el cual se afirma que la escucha durante 10 minutos de música de Mozart mejora el razonamiento espacio-temporal a corto plazo. Y, aunque los propios investigadores afirmaban que no había ninguna evidencia de que la música pudiera tener ningún efecto permanente y medible en la inteligencia, el estudio transcendió a los medios. Y así es como nació el efecto Mozart.

Mentiras sobre el efecto Mozart

A raíz de la publicación del estudio del doctor Rauscher en la revista Nature. Los grandes medios de comunicación empezaron a hablar del efecto Mozart usando titulares de lo mas sensacionalistas. Y así es como dicho efecto se ganó la fama no solo ya de mejorar el razonamiento espacio-temporal, como indicaba el estudio original, sino de muchos más beneficios.

Quizás uno de los aspectos más sonados del efecto Mozart es la mejora del coeficiente intelectual en bebés. Aunque el estudio se realizó en estudiantes, y los resultados solo fueron temporales. La creatividad y la libre interpretación de los resultados del estudio oficial por parte de los periodistas hizo que se publicasen artículos en los que se dotaba a la música clásica, y en especial a la obra de Mozart, de esta asombrosa cualidad.

De hecho, un estudio publicado en 2010 por la Universidad de Viena sobre los efectos de escuchar composiciones de Amadeus Mozart, ha concluido que no existe ninguna relación entre este tipo de música y la capacidad de representación espacial a largo plazo. Y para afirmarlo se basan en las obersvaciones realizadas sobre un grupo de más de 3000 personas.

Tres años más tarde, en 2013, salió otro estudio de la Universidad de California del cual se extraen las mismas conclusiones: no se encontró efecto alguna entre la actividad cerebral y la audición de música de Mozart.

Verdades sobre el efecto Mozart

Aunque no todo son leyendas urbanas. Pues como ya se ha comentado, existen estudios que relacionan escuchar música clásica con picos instantáneos en la capacidad de raciocinio. Parece ser que este curioso aumento en la capacidad de razonar minutos después de escuchar música clásicas se explica por la activación de la misma zona cerebral al realizar razonamientos espacio-temporales y al procesar la complejidad y armonía de la música clásica.

Aunque también hay voces que afirman que dicho efecto no están tan relacionado con la música clásica en si, sino en el estado de atención que se adopta al escuchar música de nuestro agrado. De hecho, existen estudios que compararon el efecto de música pop y el efecto de música clásica. Llegando a la conclusión que en adolescentes era más eficaz la música pop.

Además, estudios científicos a parte, es por todos sabido que la música clásica es un aliado infalible para mejorar el estado de ánimo y combatir el estrés. Por ello, se recomienda tanto en niños como en mayores, la escucha de música clásica en los momentos que se busque conciliar el sueño o un poco tranquilidad. Te ayudará a calmarte y relajarte. Y ante la bajada de la tensión corporal y el nivel de estrés, no será ningún reto para ti quedarte dormido.

Para finalizar, en 1998 se hizo publico un estudio sobre los efectos positivos de la escucha de sonata KV 448/375a en personas con epilepsia. Este estudio concluye que algunos pacientes sufrían menos ataques epilépticos y de menor duración, al ser expuestos regularmente a 10 minutos de dicha composición.

El efecto Mozart como herramienta de marketing

Con la ayuda de los medios de comunicación se popularizó el efecto Mozart. Y no fueron pocos los que vieron la oportunidad de sacar tajada y se lanzaron a ello.

Un claro ejemplo de esto son los libros y CDs de Don Campbell. Aunque el primer libro que publicó Don fue enfocado al público en general. No tardó en darse cuenta de la gran oportunidad que suponía enfocar el efecto hacia los niños nacidos o por nacer.

Pero este no es el único caso, ni mucho menos. Incontables escuelas privadas lo utilizaron como reclamo para captar un mayor número de alumnos. Prometiendo que mediante el efecto Mozart eran capaces de mejorar los resultados académicos de sus alumnos.

La industria musical de forma directa o indirecta también se vio beneficiada de la fiebre por la música de Mozart. Pues en los Estados Unidos algunos gobernadores decidieron regalar un CD a las madres primerizas que dieran a luz en su estado. Pero eso no es todo. Es tal la desinformación, que en Florida se llegó a aprobar una ley que obligaba a que los niños por debajo de los cinco años a escuchar unos 30 minutos de música clásica al día.

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1 comentario en “El efecto Mozart, lo que nos dice la ciencia”

  1. Es creíble e efecto partiendo de la lógica que antes que el habla en los humanos existiera primero, existió el sonido.
    Ahora bien, el efecto se encuentra en la pureza del sonido, pues la acción de razonar sobre el siginificado de las palabras hace que sufra una cierta distorcion la realidad original de la intension del sonido.

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