Stefan Mandel y la fórmula para ganar la lotería

Stefan Mandel: la fórmula para GANAR en la LOTERÍA

Habrás escuchado más de mil veces que las matemáticas no sirven para nada. Y aún se pone más fea la cosa si se habla de la estadística. Esa pobre rama de las matemáticas que suele quedarse muchas veces olvidada en los últimos capítulos de los libros de texto. Muchas veces injustamente olvidada o relegada a ser explicada durante las últimas horas de clase del curso.

Podríamos darte fácilmente mil y un argumentos a favor de la utilidad de las matemáticas y la estadística. Por ejemplo la metodología de mejora de procesos Seis Sigma, que se basa en la caracterización y mejora de procesos de producción mediante el control estadístico de fallos para reducir los defectos en los productos o servicios que se entregan al cliente. O el estudio de la eficacia de nuevos medicamentos mediante ensayos de doble ciego y la comparación estadística de éstos con los efectos del placebo.

Sin embargo, a menos que te dediques a estos sectores en concreto, estos ejemplos pueden sonar alejados de tu día a día. Por eso vamos a ir a lo práctico, y te traemos la historia de cómo un hombre puso las matemáticas y la estadística a trabajar para su beneficio.  La próxima vez que escuches el típico: «nadie se hace rico con esto», recuerda la historia de Stefan Mandel. Pues lo cierto es que este tipo de afirmaciones en contra de las matemáticas distan mucho de la realidad, y ahora verás porqué. Solo hace falta ser capaz de levantar la vista y mirar un poco más allá.

 

Los orígenes de Stefan Mandel y su interés por las probabilidades

Empecemos por conocer al protagonista de la historia: Stefan Mandel. Nació en Rumanía, y creció durante los duros años de régimen comunista. Una época caracterizada por la pobreza generalizada, falta de trabajo y escasez de comida y otros productos de primera necesidad. Estudió Economía. Y aunque tenía un trabajo en el consorcio minero del país, su sueldo no le daba ni para cubrir las necesidades básicas de su esposa y dos hijos.

Stefan, al verse envuelto en esta difícil situación, se dio cuenta que necesitaba tomar acción. Encontrar la manera de hacer dinero para salir adelante fue su obsesión. Muchos en su lugar hubieran caído en la tentación del dinero fácil que puede llegar a reportar ciertas actividades al margen de la ley. Pero Stefan no era así. Se consideraba una especie de filósofo. Tenía un buen dominio de los números y las matemáticas, y decidió enfocarse en una actividad que también reporta dinero fácil: la Lotería. Aunque eso es cierto solo si ganas. Y él, como buen matemático, sabía que las probabilidades de ganar el premio gordo eran más bien escasas. Por lo que si jugaba de la forma tradicional no iba a ganar mucho dinero, sino a malgastarlo poco a poco.

Ganar la Lotería, con unas probabilidades de uno entre varios millones, es algo extraordinario. De hecho se dice que es cuatro veces más probable que te caiga un rayo a que te toque la Lotería. Pero Stefan Mandel no era un tipo cualquiera. Pasaba su tiempo libre hojeando libros y tratados sobre estadísticas y probabilidades. Hasta ideó un algoritmo que le permitía predecir con bastante confianza 5 de 6 números ganadores. Con esto lograba aumentar las probabilidades de ganar.

Mandel consiguió convencer a varios de sus amigos y conocidos que asumieron el riesgo de comprar una gran cantidad de boletos con los números que su algoritmo predecía. Esta vez les sonrió la suerte, pues existía la posibilidad de perderlo todo. Pero el azar quiso que se llevaran el primer premio. Con lo cual pudo pagarse la salida de su país, y con ello la posibilidad de llevar una vida mejor.

 

La fórmula de Stefan Mandel para ganar en la lotería

Pero Stefan no quiso darse por vencido con este primer éxito. Y trabajó en otra idea mucho más potente. La verdad es que la idea en la que se basa la fórmula de Mandel para ganar la lotería no entraña mucha complicación. De hecho, me jugaría algo a que se te ha pasado por la cabeza alguna vez: ¿que pasa si compro todos los números? Pues esa misma pregunta se hizo el protagonista de esta historia. No quería dejar nada al azar como si ocurría con su primer algoritmo. Pero claro, una cosa es tener la idea y otra muy distinta llevarla a cabo.

Hay varias cosas que hay que tener en cuenta al intentar aplicar esta idea. Por un lado, el precio de comprar todos los billetes debe ser inferior del premio que se va a repartir. Aunque parezca increible, hay sorteos en los que el bote se va acumulando y esta condición puede llegar a darse. Por otro lado, hay que descontar los impuestos que se queda el estado por cada premio repartido. Y no acaba aquí la cosa. Pues todos estos boletos hay que comprarlos, y eso implica tener mucho dinero.

Por poner un ejemplo, la Primitiva en España se basa en la elección de seis números, entre el 1 y el 49. De esta forma, hay un total de casi 14 millones de combinaciones posibles (13.983.816 para ser exactos). Y eso dejando de lado el reintegro, que es un número del 1 al 10, lo cual multiplicaría por 10 las combinaciones obtenidas anteriormente. Pues bien, como cada boleto cuesta 1 euro, deberías tener 14 millones de euros para comprar todas las combinaciones posibles.

Stefan Mandel calculó que solo valía la pena jugársela a comprar todos los boletos si el premio era al menos unas tres veces el coste de comprarlos. En sus cálculos incluía que el beneficio a obtener debía dividirse entre él y el resto de inversores que habían aportado dinero para la compra de todos los boletos. Y también contaba con que puede darse el caso de que haya otro acertante, y si esto ocurre el bote se divide a partes iguales.

Además, hay que incluir otros gastos derivados de la logística. Manejar 14 millones de boletos queda totalmente fuera de las posibilidades de cualquier persona. Por lo que Stefan tuvo que contratar a terceras personas para que se encargaran de comprar, registrar y transportar los boletos.

Poniendo todas estas ideas en un papel, investigó los sorteos de una gran cantidad de países. Y cayó en la cuenta que algunos de estos sorteos eran mucho más favorables que otros. Y así era como Stefan Mandel decidía en que sorteos y en que momento era rentable invertir.

 

Cómo le fue a Stefan Mandel con su algoritmo

Pues Stefan ganó la lotería hasta en 14 ocasiones en un periodo de 30 años. Empezando sus andaduras, como ya hemos contado, en los años 60 con un primer premio en la lotería de Rumanía. Premio que le pagó la salida del país, que en aquella época estaba sumido en la miseria. De allí se mudó a Australia, donde, mientras trabajaba, ideó la fórmula definitiva que acabamos de comentar. Una idea relativamente sencilla pero que le supuso grandes retos logísticos.

El plan para ganar a la lotería 12 veces seguidas

Tuvo que reclutar inversores que pusieran dinero en su idea loca. Necesitaba dinero para tres conceptos clave: comprar los billetes de lotería, contratar en personal para gestionar la gran cantidad de boletos, y, otros gastos indirectos necesarios para llevar a cabo tal hazaña. Entre estos «otros» gastos entraba la compra de cajas, ordenadores y impresoras láser, y, la contratación de transportistas.

Mandel fundó una sociedad con el fin de gestionar los fondos, y dar transparencia a todo el proceso de cara a los inversores. Con todo esto, consiguieron ganar hasta en 12 ocasiones en sorteos de Australia y Reino Unido.

Pero no todo fue un camino de rosas. Las autoridades se hicieron eco de estas actividades, y trataron de ponerles fin. Para empezar prohibieron que una sola persona pudiera comprar todos los boletos de la lotería. Escoyo que superó repartiendo los boletos entre algunos de los socios, con el fin de no superar la cuota máxima por persona. Seguidamente se prohibió la impresión de los boletos por parte de los participantes. Ahora era necesario acudir en persona e imprimir en una administración oficial.

El último gran golpe a la lotería: todo o nada

Esta prohibición complicó, y mucho, el método de Stefan para ganar a la lotería. Sin embargo, en vez de rendirse, decidió enfocarse en un objetivo mucho más ambicioso. Uno que volvería locos a los responsables de la lotería y pondría su nombre en los titulares de periódicos a nivel internacional. La Lotería del Estado de Virginia. Esta lotería tenía varias ventajas: su premio cumplía con los requisitos del método. Y además, al ser una lotería relativamente nueva, no tenía límite de boletos por persona y permitía imprimirlos en casa.

Mandel convenció a  2524 inversores para juntar entre todos los 9 millones de dolares necesarios para llevar a cabo el plan maestro. Y ahí empezó todo. Alquiló un almacen en Melbourne, Australia, donde instaló un total de 30 ordenadores y 12 impresoras láser. Contrató a 16 personas y se puso a imprimir los boletos que contenían las 7 millones de combinaciones posibles. Les llevó 3 meses completar la tarea.

Seguidamente necesitaba trasladar los boletos hasta Estados Unidos. El papel de los boletos pesaba cerca de un tonelada, y el envío costó 60.000 dólares. Una vez los boletos estaban allí, solo tenían que esperar a que el premio subiera lo suficiente para rentabilizar la inversión. Y así lo hicieron. Cuando llegó el día, se pusieron todos manos a la obra para validad todos los boletos.

Stefan ya sabía que el principal reto que tendrían que afrontar era el logístico. Tenían tres días para validar los 7 millones de boletos. Los dos primeros días transcurrieron con toda normalidad. Pero el tercer día el plan se empezó a torcer. Una de las administraciones encargada de validar una parte de los boletos se vio saturada, y dejó por validad una parte importantes de los boletos.

Cuando se acabó el tiempo para validar boletos, el equipo de Mandel había validado un 78% de las posibles combinaciones. Esto puso en jaque la estrategia ganadora de jugar todas y cada una de las combinaciones posibles. Imagínate estar en su lugar: encontrarte rodeado de 5 millones y medio de boletos validados, pero aun así saber que queda en manos del caprichoso azar.

Y aún así, un milagro sucedió. Uno de sus boletos resultó ganador. Les correspondían 27 millones de dolares por el primer premio, y otros 900 mil dólares por otros premios menores.

El final de la aventura

Pero esa luna de miel no duró mucho. Las autoridades competentes levantaron la cabeza. Entendían que el método seguido era un intento de hacer trampas y atentaba en contra de la propia filosofía de la lotería: que gente común pudiera comprar por unas pocas monedas la posibilidad de recoger un premio mucho mayor. Ahí empezó una batalla legal que duró 4 años.

Al final Mandel y la sociedad formada por los inversores cobraron el premio. Mandel se quedó con 1.7 millones de dólares en concepto de consultor. Tras este golpe de suerte, el rumano decidió dejar de lado sus aventuras jugando a la lotería. Con el dinero ganado intentó montar un sorteo de lotería en Gibraltar y una compañía de seguros, pero fracasó y se declaró en bancarrota.

Desde entonces Stefan Mandel ha mantenido un perfil bajo. Se sabe que hoy en día está retirado. Viviendo en una casa cerca de la playa en una isla tropical de Vanuatu. Y las autoridades responsables de los sorteos de lotería de la mayoría de países han adoptado medidas para evitar que nunca nadie más pueda asegurarse el bote comprando todas las combinaciones posibles.

 

Esperamos que esta historia te sirva de ejemplo para buscar aplicaciones prácticas a aquello que te está costando estudiar. Pues si lo dotas de significado y aplicación, te será mucho más fácil de estudiar. A todos nos cuesta estudiar algo carente de valor. Pero las cosas cambian mucho cuando le encuentras un sentido y te motivas. En las propias palabras de Stefan Mandel: «las matemáticas bien aplicadas pueden asegurarte una buena fortuna».

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